domingo, 15 de octubre de 2017

UNA SAGA FUNDACIONAL

La república de los sueños
Nélida Piñón
Traducción de Elkin Obregon Sanín
Editorial Alfaguara, Madrid, 768 páginas
(Libros de fondo)

   Fue su singular teoría del mestizaje, configurada por varias tradiciones literarias y cimentada en la realidad, en la memoria y en la fantasía onírica, lo que valoró el jurado a la hora de otorgarle a Nélida Piñón (Río de Janeiro, 1934) el Premio Príncipe de Asturias de las Letras en el año 2005. Nélida Piñón tiene así mismo en su haber otros importantes galardones como el Juan Rulfo (1995) o el XVII Premio  Internacional Menéndez Pelayo (2003). Esta hija de gallegos emigrantes a Brasil se suma así a una relación de escritores de primer orden ganadores del Premio Príncipe de Asturias, especialmente desde su universalización más allá del ámbito iberoamericano. En venturosa coincidencia con el otorgamiento del Premio, su magna obra más conocida y cumbre de la obra narrativa de la escritora brasileña, A república dos sonhos fue traducida y editada en las principales lenguas peninsulares.
   Nélida Piñón forma parte de la nómina de escritores latinoamericanos que conforman el club de los escritores míticos. Sus ficciones están tejidas con historias que provienen de un pasado mítico pero real, historias que se disiparon en el siglo pasado, legando no obstante un rico y caudaloso depósito de contenidos imaginarios que nutrirán la creatividad de muchos escritores y escritoras de la otra orilla del Océano. El legado de la memoria, tan importante en la obra de una mujer que conjura a la estirpe, a los antepasados y los sienta en nuestra mesa para que nos fascinen con los manjares de sus historias. Sus contribuciones más importantes, desde esta vertiente mítico-memorialista, son sin duda A doce canção de Caetana, Aprendiz de Homero y, de una forma muy especial, esta saga monumental A república dos sonhos, con la que la escritora nos transmite su visión fundacional de la literatura y pone en evidencia que Galicia fecundó desde siempre su imaginario.
   Esta grandiosa fábula es una búsqueda y examen de los antepasados gallegos que emigraron a Brasil, el país donde le dieron forma a sus sueños, tras una llegada y una acogida no fáciles, alimentada con pan duro y reseco  en el duro catre de una pensión barata. Fue la capacidad de resistencia de un pueblo acostumbrado a mil diásporas.
   El lector halla en la novela  el micromundo de una sociedad completa, con sus leyendas y sus mitos. Y dos raíces: la gallega y la brasileña. Mas no la dulce Galicia de los trovadores medievales, sino  la Galicia rural, patria de la miseria. Y al otro lado del mar, Brasil, América, fuente que cura todos los males y los conjuros de los demonios.
   En Vigo, en el año 1913, dos adolescentes embarcan hacia Brasil Se trata del triunfador Madruga y del soñador Venancio. Echan ancla en el litoral brasileño y allí inician la búsqueda de su república de sueños. A partir de un humilde empleo, la existencia de Madruga describe una trayectoria de éxitos y de fracasos que ponen a prueba sus ideales de libertad y de felicidad. Varias décadas más tarde, será su nieta la que recopila los fragmentos de una existencia transterrada, reconstruyendo así la historia de la familia que se confunde con la del Brasil.
   Coexisten en la novela dos voces que evocan el pasado en primera persona: la de Madruga y la de su nieta Breta (forma regresiva de Bretanha); así como fragmentos paródicos de Venancio, otro emigrante, y una omnisciente tercera persona que lo amalgama todo de forma mágica en un juego de añoranzas personales e históricas. En ágiles pinceladas describe Nélida Piñón la identidad fragmentada de sus héroes. En cuanto a su estructura, la novela se configura como una emergencia de voces híbridas, y arrastra hasta la superficie textual fragmentos de eventos y de vidas, mezclados con ecos de historias y leyendas transmitidas a lo largo de generaciones. Domina la autora una gran variedad de registros y se caracteriza por su rigor a la hora de respetar los datos históricos. Así  como por el empleo de un lenguaje poético capaz de multiplicar los acontecimientos a través de la metaforización, mostrando un gran amor por la palabra, no como forma gramatical, sino como forma de sentir, de pensar y de rebelarse.

Francisco Martínez Bouzas



Nélida Piñón




Fragmento

"En el cementerio, pronunció una oración fúnebre.
El Brasil -dijo- pierde hoy uno de sus más ilustres hombres —y añadió, con tono misterioso—: Para no mencionar su actuación en la guerra del Paraguay, de donde vino cargado de medallas. Todos tenemos motivos para lamentar su pérdida.
Miguel desestimaba las poses belicosas de su hermano. Bastante tenía con Esperanza, una guerrera dispuesta siempre a derribarlo, a hacerlo caer al suelo. De donde Miguel se levantaba con la ilusión de tomarse la revancha al día siguiente. Ambos trataban de esquivar a Bento, negándole incluso el derecho de tomar partido a favor de alguno de los dos. No querían que se apropiara de sus tácticas, ni comprendiera sus impulsos. Sólo a ellos cabía respetar la tristeza del otro, cuando se reconocía vencido. Por eso, el ganador extendía la mano al caído, ayudándolo a soportar la derrota. Vivían, así, en un continuo balancín de triunfos y rendiciones. Cuando Esperanza ganaba el sitio de arriba, con los muslos delatados por el viento, Miguel, abatido, salía corriendo al cuarto de la madre. La interrumpía así en el momento en que, preocupada por la palidez de Odete, trataba de arrancarle la promesa de acudir al médico.
Odete se resistía. No estaba enferma. Dios le había concedido una salud de hierro, prueba por lo demás de que la miraba con buenos ojos. Eulalia se mostraba en desacuerdo. A veces Dios quería probarnos, ofreciéndonos una salud precaria, para que así pudiésemos apreciar mejor la vida que a Él debíamos. Ciertas dolencias, incluso, nos eran enviadas como aviso, para ayudarnos a derrotar el tormento de la vanidad y de la arrogancia. ¿No era acaso lo único importante saber que estábamos de paso en la tierra, y que todo lo debíamos a Él, que nos había prestado la vida para vivirla en Su Nombre, dando así testimonio de Su existencia, gracias a la cual habíamos sido creados?
Cuando Eulalia hablaba de Dios, Odete la oía con temor y respeto. Pero estas alusiones no eran muy frecuentes. Eulalia las reservaba para momentos cruciales de aflicción o gratitud. Pues pensaba que no se debía abusar de Su Santo Nombre. Muchas veces rezaba sin confesarse a sí misma que lo hacía. Quería evitar la tentación de proclamar un dios nacido de vanas alabanzas.
A pesar de los dolores en la columna, Odete no se permitía una sola queja. Pero su palidez era buena prueba de que algo le pasaba. Si bien se resistía a ser tratada, la alegraba en cambio saber que Eulalia sufría por ella, como si fuese alguien de la familia. Y para aceptar mejor una piedad a la que no quería en modo alguno negarse, entornaba los ojos, con gesto ligeramente lúgubre.
A todas éstas, unos golpes en la puerta anunciaban la presencia de Esperanza. Agitada e impaciente, pedía permiso para salir. Ante aquella adolescencia fogosa, Eulalia dudaba en hacer valer una autoridad que jamás le interesó recalcar. No hallaba la manera de frenar el ímpetu de una hija que, en ocasiones, la interpelaba como si fuese una adversaria. Por lo general, después de una breve negativa, la madre terminaba cediendo. Lo cual hacía sentir a Esperanza que su libertad dependía de un arbitrio falible e inestable. Por ello perdía confianza en los designios de la madre. Aunque comprendiese, también, cuán desagradable era para ésta verse obligada a señalar rumbos a su vida. "


(Nélida Piñón, La república de los sueños)

miércoles, 11 de octubre de 2017

CÍRCULOS INFERNALES ACOSADOS POR LA PESTE

Los días de la peste
Edmundo Paz Soldán
Malpaso Ediciones, Barcelona, 2017, 325 páginas.

   A tenor de su última pieza narrativa, Los días de la peste, no me cabe duda de que Edmundo Paz Soldán (Cochabamba, Bolivia, 1967) es hoy en día uno de los más sólidos y originales narradores de las letras latinoamericanas. Profesor de literatura latinoamericana en la Universidad Cornell y columnista de algunos de los medios más prestigiosos; representante significativo del grupo McOndo con su primera novela Días de papel (1992); frecuentó así mismo la ciencia ficción con Iris (2014), para sumergirse y sumergirnos en una impresionante novela coral realista, aunque su gran protagonista nos son personas individuales, sino una cárcel, la Casona, situada en Los Confines, una de las regiones más periféricas y apartas de un país latinoamericano, que tiene todas las trazas de ser su país de origen, Bolivia, y de que la cárcel de la ficción se inspira en la de San Pedro de La Paz y en alguna otra de América Latina.
   La Casona, más que parecerse a un centro carcelario moderno, se configura, tanto en la realidad como en la ficción, como un barrio marginal dentro de una ciudad, con diferentes niveles de patios en los que el lujo, la libertad y la miseria se reparten de forma desigual. En esos patios, cinco en la novela, modelados en buena medida en los nueve círculos infernales de La Divina Comedia, los presos conviven con sus familias, montan sus tiendas y cantinas, sus restaurantes, algunos de comida exquisita, establecimientos de prótesis  dentales y ortopédicas. Por ellos pululan las prostitutas, los perros y los gatos, y los mismos presos pueden salir y entrar, comprar días en el exterior abonando peajes a los pacos (guardianes). Pero lo que más impacta al lector, como en su día impresionó al autor, hasta el punto de originar esta novela tras haberlos visto en un reportaje, es comprobar que un grupo de niños iban al colegio, comían y jugaban al futbol y volvían al hogar, pero su casa era la cárcel de San Pedro en La Paz -la Casona- en la novela-, sin ser culpables de nada. Paz Soldán, según él mismo reconoce, obtuvo así un escenario antes que una historia. Un escenario similar al que seguramente muchos lectores habrán contemplado en el mismo reportaje televisivo que, en su día vio Paz Soldán.
   La Casona es un microcosmos representativo, una metáfora de la sociedad. En ella, familias enteras burbujean en cada patio tras haber pagado para alquilar un apartamento o un colchón en un “chicle” (celdas estrechas donde viven hacinados entre quince y treinta personas), sin mencionar los que duermen en la intemperie porque carecen de lo necesario para hacerse con una celda. En la Casona la vida es como agarrarse a la cola de un cometa. Poco a poco y en un espacio temporal de apenas cuatro días, Paz Soldán nos va anegando, ya desde las primeras secuencias, con el ambiente desolado de la Casona, con los cinco patios jerarquizados de menos a más crueldad y opresión -el quinto es el de las mazmorras subterráneas, un cementerio para vivos- y nos muestra sobre todo las relaciones de poder, porque una de las ideas centrales de Los días de la peste es hacernos ver cómo funciona el poder en nuestras sociedades. Ya desde la primera secuencia y en las siguientes ruedas de voces narrativas, se descubre a  Lucas Otero, el gobernador, como verdadero rey de ese espacio virulento, y tras él a sus segundos: Hinojosa, el jefe de seguridad, Krupa, el segundo de Hinojosa, el juez Arandia, el prefecto Vilmos. Mas también hay internos que comparten ese poder, como Lillo, un culito blanco, dueño de un departamento de tres ambientes en el primer patio, un restaurante y un almacén en el segundo. Podía además salir a la calle sin acompañantes porque los billeteaba ya que sus “bisnes” le producen suculentas ganancias: el del tonchi (las drogas), el de las putas, el alquiler de los departamentos, cuartos y celdas. O la Cogotera, delegado general de los presos, verdadero dueño del penal y al que sustituirá el Tullido tras ser atacado la Cogotera por la peste. Los que disponen de suficientes billetes para comprar a los padres de una muchacha para que acepten cambiar sus datos de carnet y hacerla pasar de quince a dieciocho años y así poder tener sexo con ella. Ya era apta para el encule. Y en los ínfimos escalones de este poder, los marginales: los mismos pacos (guardianes), presos de los presos, de sus “bisnes”; Antuan a punto de cumplir su condena, pero que prefiere quedarse en la cárcel porque no sabía qué hacer cuando le tocara irse: “Para qué tentar al destino, decía, si todo es bien aquí. Afuera puede ser muy duro. Aquí es duro, pero al menos es conocido”, página 33). La Jovera que se prostituye para comprar tonchi, pero no era tan fácil porque todos querían montarla gratis. O el 43, preso confinado de forma solitaria: lo habían pateado, roto la nariz por haber tocado (violado) a un muchacho. La misma Celeste, esposa del gobernador. También ella se había decantado por el culto a Ma Estrella, la Innombrable, y que, al igual que la gente rica de la localidad, pagaba por adquirir cráneos humanos que requería el culto de la Innombrable ya que eran más efectivos que los de los animales.
   Es el espacio, el abismo en el que nos sumerge el autor; y lo hace sin relatar grandes historias, transmitiendo simplemente lo que hacen, piensan o dicen los múltiples personajes: los que tienen el poder y los que lo sufren o simplemente intentan sobrevivir.
   Pero la novela no dejaría de ser un espeluznante relato carcelario más, aunque sí muy potente, si el autor no hiciera intervenir a dos disparadores narrativos: el culto a Ma Estrella, la Innombrable y la peste. Ma Estrella es una deidad indígena de origen confuso, una diosa vengativa representada con un cuchillo en los dientes, a la que los presos, y no solo ellos, acatan y acuden cuando el Dios mayor, la diosa pulga, el dios murciélago, los dioses insectos y los dioses animales no les salvan. El culto a la Innombrable fue reivindicándose con el paso de los años como se inventan y reivindican todos los dioses. Como teorizaron Feuerbach y Marx refiriéndose a la religión en general, el culto indígena a Ma Estrella que habría sobrevivido como algo marginal, se reivindicó a partir de la necesidad de la gente, sobre todo de los marginados, los enfermos, los reclusos… que deciden entregarles su fe. Es la droga que duerme a los presos. Hasta que las autoridades, como estratagema para silenciar a la oposición, decide prohibir su culto. Coincidiendo con esa prohibición, estalla la peste: un virus desconocido de forma filamentosa que ataca por igual a presos y a guardianes. Y el enemigo microscópico gana la batalla. Se declara la cuarentena en la Casona, lo presos se rebelan y se desata el infierno. Es el desenlace cuyos detalles no revelaré pero que Paz Soldán resuelve de forma coherente.
   
                                         
Interior de la cárcel de San Pedro de La Paz, que dio origen a esta novela

   Entre las muchas virtudes de Los días de la peste, atendiendo a la trama diegética, destaco  el desenmascaramiento  de los comportamientos corruptos, tales como los del cura católico que deja venir a los presos a rezarle a la Innombrable siempre y cuando le dejen una moneda de donación. Las autoridades que prohíben el culto a la diosa, están dispuestas a permitirlo viviendo una vida subterránea, la misma vida que llevan los miembros de la administración, incluido el gobernador, que son creyentes de la diosa.
   La novela sorprende por una original estrategia compositiva y narrativa: una arquitectura tripartita, cada parte con varios capítulos rotulados por la voz narrativa que da su versión de lo que ocurre dentro y fuera de estos círculos infernales acosados por la peste. Un relevo constante de voces en primera persona o en tercera y cuya omnisciencia multiselectiva permite reflejar de forma convincente y vivaz el pensamiento del personaje y el horror que anida en este microcosmos carcelario. Llama la atención uno de los hallazgos compositivos referente a las voces: un de los personajes, Rigo, habla de sí mismo en primera persona del plural. Lo hace, confiesa el autor, porque pertenece a una religión que busca el borramiento del yo en el grupo.
   Es igualmente muy notorio el uso de las jergas, de palabras indígenas y de alguna que inventa el propio autor, porque la forma de hablar es la forma de mirar y de entender el mundo. Así como originales creaciones léxicas, tales como transformar substantivos y adjetivos en verbos (billetear, abuenarse, nerviosear, encalabozar…) cuando lo que se estila es derivar substantivos de los verbos. Un microcosmos infernal en el que no existen contemplaciones, exigía igualmente un estilo de prosa sin adornos ni actitudes contemplativas. Frases cortas, contundentes, ritmo frenético o más pausado en función de la tensión que rodea al personaje que habla o cuyo pensamiento se refleja en estilo indirecto libre. También en esto acierta Edmundo Paz Soldán en esta novela en la que parece no haber salvación: “La nada era nada: no había salvación (podía dudar de todo menos de esta verdad)”, como piensa Usse la criada de la esposa del gobernador.

Francisco Martínez Bouzas


Edmundo Paz Soldán


Fragmentos

“Fuimos arrojadas a un patio y un tal Krupa, piel cobriza y aires de oficial responsable, nos informó que dormiríamos allí a menos que pagáramos. Nuestra voz le dijo es su deber darnos una celda y él se rio, por lo visto no conoces este lugar.
Tuvimos que quedarnos en el patio porque no había quivo y ya debíamos el peaje que se cobraba a los arrestados cuando ingresaban en la prisión. Unas treinta personas arracimadas contra las paredes, algunas en los escalones que conducían al segundo piso. Ronquidos, llantos, gruñidos, ayes. El cuerpo se recostó contra una fuente de piedra agrietada, demasiado inquieto como para intentar dormir. De un corte manaba sangre sobre la ceja izquierda, producto de los zarandeos con los polis. Los murciélagos sobrevolaban el patio, zumbando agitados con su patagia cerca de nuestra cabeza. Grandotes y hocicudos, recordaban a los del hospital de aves, que los doctores a veces operaban pese a que no eran aves.

…..

“No debía haber tocado al muchacho. Lo pateban tanto por eso, todos los días lo mismo. Le habían roto la mano y luego, sádicos, no dejaban que se curara. No querían llevarlo a la Enfermería y cada día venían a arrancarle la venda, doblarle los dedos, sacarle la piel. Estaba todo infectado y llagado, la herida supuraba y olía mal. Era su culpa, pero igual no tenían derecho. Cuando llegó a la Casona le advirtieron que los menores de quince años estaban prohibidos. Esos menores no purgaban ninguna condena, solo estaban ahí acompañando a sus padres, una idea peregrina del Gobernador para mantener a las familias unidad. 43 había cumplido en la medida de lo posible. Las primeras 1440 horas nada, pero luego le ofrecieron uno por abajo por una buena suma. Eso despertó sus instintos dormidos, creía. Uno de ellos, Wuly, tenía carita de ángel y era tan bueno, tan amable cuando se ponía de cuatro. 43 se molestó tanto cuando el cafisho de Wuly le dijo que ya no porque la madre se había enterado. Lo buscó, incansable, hasta que una noche los encontró saliendo del baño. No pudo controlarse, fue como si una fuerza extraña se hubiera apoderado de él para hacerle hacer lo que hizo. Una fuerza extraña llamada arrechera, le dijo Krupa, ¿crees que somos pelotudos? Quizás la culpa la había tenido el tonchi de la noche anterior.”

…..

“La pobreza de Los Confines era tanta que se necesitaban décadas para transformaciones tan dramáticas como las que ocurrían en el resto del país; esa lentitud en el cambio ayudaba a que la élite en el poder neutralizara el carisma del Presidente en sus intentos por hacerse con la provincia. Eso también permitía entender la aparición de Ma Estrella. A la diosa no la guiaba el deseo de un mundo mejor para los explotados; lo suyo era la venganza pura. El juez Arandia no entendía cómo era posible que Santiesteban, la esposa de Otero y otros funcionarios de la administración la siguieran. Quizás no la tomaban literalmente, quizás solo la veían como un salvoconducto pintoresco que les permitía vivir en paz en un lugar hostil.”

…..

“Los pacos recorrían patios y pasillos pidiendo a los reclusos que regresaran a sus celdas para evitar la diseminación del virus, pero apenas se iban volvían salir. Vanos los esfuerzos por educarlos en las medidas necesarias. Quienes se autoaislaban habían aprendido a hacerlo en sus pueblos azotados por plagas, pero otros preferían pensar que la protección de la Innombrable era suficiente para preservarlos, como la reclusa que había llevado a una afectada por el virus a la reunión de su iglesia Ma Estrella es nuestra luz. El curandero abrazó a la afectada y dijo que el virus no existía, todo era un castigo de la diosa por las medidas del Prefecto y los actos homosexuales en prisión. Pidió a los congregados que hicieran lo mismo y la abrazaran. Seguro poco después algunos caerían muertos.”

(Edmundo Paz Soldán, Los días de la peste, páginas 14-15, 63-64, 92-93, 236-237)


jueves, 5 de octubre de 2017

UNA VOZ LITERARIA PARA CONTAR LA REPRESIÓN ESTALINISTA

Un día en la vida de Iván Denísovich
Aleksandr Solzhenitsyn
Tusquets Editores, Barcelona, 224 páginas
(Libros de fondo)

   

   Hay dos líneas narrativas en la literatura soviética del pasado siglo XX que tuvieron una vida difícil a partir de la revolución y durante el régimen estalinista sobre todo. Una de ellas fue la del humor satírico sobre la vida del pueblo ruso. En la otra línea, mucho más radical, se encuentran los escritos de los disidentes políticos propiamente tales. El caso más notorio es el de Aleksandr Isáyvich Solzhnistsyn (1918-2008). Profesor de física, participó en la Segunda Guerra Mundial y, no obstante sus condecoraciones, fue condenado, por criticar a Stalin y por promover actividades antisoviéticas, a once años en los campos de trabajo forzados y otros de destierro, hasta 1957, año en el que se le permite retornar  a la enseñanza. Desde entonces luchó contra la represión estalinista y se convirtió en el más destacado disidente de la Uninón Soviética. En 1962, tras una larga espera de tres años  y con la autorización personal de Nikita Kruschev, aparece publicado en la revista Novy Mir Odin den Ivana Denísovich, un novela breve (póvest)  inicialmente titulada por el autor SCH-854, placa de identificación del protagonista en el Gulag
   Un día en la vida de Iván Denísovich es una novela tremendamente verosímil que surge de la experiencia personal del autor. Su publicación causó una gran impresión al describir, de forma sencilla y tangible la desesperante, cotidianidad de un tiempo y de un lugar en los que la brutalidad estaba a la orden del día. Solzhnitsyn publicó posteriomente relatos breves y novelas de formato largo como La casa de la Matriona  (1963), Por el bien de la causa (1964), Pabellón del cáncer (1968), Agosto de 1914 (1971), o ensayos reportajes como Archipiélago Gulag (1973). En 1970 le fue concedido el Premio Nobel de Literatura, se exilió de la Unión Soviética y adoptó la ciudadanía norteamericana y desde Estados Unidos incitó a su nuevo país a atacar al de su origen.
   La novela narra pormenorizadamente  un  día “casi feliz” del protagonista Iván Denísovich Shúkhov, un zenk (interno en un campo penal). Una jornada desde el toque de diana al de la retreta, inmerso en la misma rutina de los tres mil seiscientos cincuenta días de su condena. Ese día da comienzo a las cinco de la madrugada y concluye a las diez de la noche, tras incontables registros de los prisioneros, bajo el frío siberiano: menos de 27º C marca el termómetro esa mañana, mas solamente cuando baja hasta los 41º C bajo cero no los enviaban a trabajar. Enfrentamiento con enfermedades, al trabajo, al cansancio, al hambre,  las absurdas normas del campo. Iván es astuto, tiene experiencia, sabe cómo moverse, no desconoce el margen que posee un interno para que el día transcurra sin ninguna sombra, casi feliz. Tiene claro, así mismo, los límites que jamás osará traspasar: la deslealtad, la corrupción, la mendicidad.
   El gran mérito de la novela de Aleksandr Solzhenitsyn consiste sobre todo en su capacidad de haber dotado de entidad literaria las espantosas condiciones de vida y las vejaciones que describirá más tarde en Archipiélago Gulag. El escritor ruso fue capaz de inmortalizar, en forma de novela, el drama de la represión estalinista sobre millones de seres humanos. Una perennidad que el lector puede extender a todas las formas de represión y de opresión de la dignidad humana en campos de castigo, arma preferida de las dictaduras de todos los tiempos e incluso de gobiernos de ciertos estados que alardean de ser democráticos.
   
                                          
Aleksadr Solzhenitsyn
                                       

   El autor buscó verosimilitud y para ello emplea un narrador omnisciente en tercera persona que describe la jornada del protagonista huyendo de valoraciones. Sin embargo, los distintos personajes cuyos diálogos son reproducidos, dan fe de las absurdas y crueles condiciones en las que se vive en el campo. Así pues, Solzhenitsyn es fiel a las propuestas del realismo socialista de brindar una imagen fiel de la realidad. De ahí que, coherente con ese compromiso personal, la novela revela sin valorarlos, como ya señalé, aspectos estremecedores del sistema de represión con los disidentes. Un estilo directo, coloquial, vivo y próximo al lector que de inmediato siente empatía por lo que está leyendo, y una estructura lineal permiten que esta obra haya logrado una gran difusión, convirtiéndose incluso en un  bestseller. Un verdadero “pedestal” como acostumbraba decir el propio narrador.


Francisco Martínez Bouzas

lunes, 2 de octubre de 2017

LA BANALIDAD DEL MAL

La matanza de Rechnitz.
Historia de mi familia
Sacha Batthyany
Traducción de alemán de Fernando Aramburu
Editorial Seix Barral, Barcelona, 2017, 270 páginas.

   

   Este libro tiene su origen y motivación en un hecho sangriento e inhumano que sucedió en la noche del 24 al 25 de marzo de 1945: Margit Batthyany, hermana del conocido barón Thyssen-Bornemisza, celebraba una fiesta en su castillo de Rechnitz (Austria). En la misma participaban como invitados distintos jerarcas nazis, miembros de la policía política de las SS y de las Juventudes Hitlerianas. La velada concluyó con un espeluznante divertimento, en una borrachera sangrienta: disparar al judío.  Ciento ochenta judíos perdieron la vida en aquella matanza. Y los dieciocho que los enterraron, fueron asesinados al día siguiente. Aquel suceso permaneció oculto -no resultaba difícil para una familia tan poderosa como los Thyssen-, pero este libro rescata aquel macabro episodio. El profesor y periodista Sacha Batthyany se halló de golpe con esta historia en la que participó algún miembro de su propia familia: la anfitriona de aquella velada fue Margit, tía de su padre. Porque una mañana, una compañera del medio en el que trabajaba, puso un periódico en su mesa y le preguntó: “Pero ¿qué clase de familia tienes tú?”. Sacha Batthyany dirigió la mirada a la página de aquel diario y leyó el siguiente titular: “La anfitriona del infierno”. Esa anfitriona era la tía Margit. Y a continuación, el relato de la salvaje diversión, del tiro a la cabeza del judío o de la judía desnudos. La negra historia de una familia que sumergió a Sacha Batthyany en una investigación de siete años cuyo resultado fue este libro, una amalgama de memoria y de novela.
   Eran los estertores de la Segunda Guerra Mundial con el ejército soviético a pocos quilómetros. Seiscientos judíos se hacinaban en los sótanos del castillo. Los doscientos que se hallaban en las peores condiciones fueron los elegidos para esta caza a balazos del judío. Tras la masacre, Margit y sus invitados continuaron bebiendo y bailando hasta el amanecer.
   Tras conocer el suceso, el sobrino nieto de la anfitriona, guiado por el diario de su abuela, inicia una investigación por Europa y Latinoamérica que suscitará en él imperiosos y preocupantes interrogantes sobre el pasado y su conexión con el presente; sobre los secretos de una familia poderosa y sobre él mismo. Si algo le preocupa resolver al autor es el grado de participación de la tía Margit en la ejecución de los prisioneros. ¿Participó, disparó contra los judíos o se limitó a brindar con los asesinos?
   Pero hay más abismos familiares que forman así mismo parte de una herencia a la que no puede renunciar. La matanza de Rechnitz en la mansión de Margit von Thyssen es solamente el punto de arranque de esta pieza que entronca a la vez la ficción con la historia. De hecho la tía Margit nunca fue acusada de crímenes de lesa humanidad. Los dos principales testigos de la causa fueron asesinados en 1946. Mas la matanza de ciento ochenta judíos fue lo que acercó a Sacha a la familia: quiso saber el grado de implicación de la tía Margit y lo que halló fue la historia deshonrosa de la familia: los diez años que el abuelo pasó encerrado en un gulag en Siberia por haber sido oficial del ejército húngaro, subordinado al alemán, las penalidades de la abuela Maritta en un Budapest bombardeado por los rusos y, sobre todo, los fragmentos de los diarios de la abuela y de Agnes. El diario de la abuela transcribe  hechos acontecidos entre 1920 y 1956 en Hungría: cómo creció siendo hija de terratenientes en la aldea de Sarasod, con doncellas, criados, coches y un profesor particular de francés. La llegada de la Guerra lo trastocaría todo porque Hungría es aliada de Alemania y el palacio familiar fue empleado por los nazis para encerrar judíos. Y la abuela nada hizo por salvar a ninguno de ellos. Se agazapó, se escondió y vivió como un topo. No movió un solo dedo para proteger a los padres de Agnes, el matrimonio Mandl, que había dicho no a su traslado a Auschwitz, y marido y mujer fueron asesinados por la espalda.
   Esa culpa por no haber hecho nada por salvar a los judíos por parte de la abuela Maritta llega hasta el presente. Es la contumacia del pasado que Sacha Batthyany refleja con turbadores  interrogantes. Esas culpas pesaron sobre los hombros de los abuelos, sobre las de sus padres y hoy golpean la conciencia de Sacha.
   
                                             
La condesa Margit von Thyssen recibiendo un trofeo de manos de un jerarca nazi  en la Hípica de Budapest, año 1942
                                         

Es esta, sin duda, la parte más sugestiva y crucial de la novela. En la misma no solo hay una crónica a caballo del reportaje periodístico y de la ficción, sino una verdadera inmersión en lo que Hannah Arendt llama la “banalidad del mal” (Eichmann en Jerusalén). El autor se involucra en los hechos pasados, pero además cree que condicionan su propia existencia. ¿Habría hecho él algo en lugar de limitarse a mirar como hicieron los abuelos? ¿No nos volvemos de pronto sumisos y obedientes cuando se trata de salvar el pellejo? Estamos cada hora a favor o en contra de algo en las redes sociales, pero ¿cómo actuaríamos si los hechos dejaran de ser virtuales y se trasladasen a la calle? ¿Actuaríamos como topos agazapados sin querer saber nada?
   La novela reproduce la crónica de una familia y el peso del pasado sobre el presente, mas también es autoficción: en la parte conclusiva todo gira en torno al autor. En todo ello ahonda esta pieza narrativa  a medida que van pasando las hojas.
   La novela se sustenta en una arquitectura compositiva con múltiples saltos tanto en el tiempo como en el espacio para volver siempre a los puntos de partida. Un estilo de prosa conciso y preciso, propio de una crónica periodística para hacer visible el manto externo y apreciable de los hechos más turbios y espeluznantes, y un trasfondo extremadamente inquietante que escudriña en la naturaleza imperecedera de las culpas, del pasado que no se disuelve, que siempre retorna como los viejos fantasmas.

Francisco Martínez Bouzas


Sacha Batthyany



Fragmentos

“Llamé por teléfono a mi padre y le pregunté si estaba al corriente de aquel hecho. Guardó silencio y oí que descorchaba una botella de vino: Lo veía ante mí, en aquel sofá desgastado que tanto me gusta, en su sala de estar de Budapest.
-Margit tuvo un par de líos amorosos con nazis. Es lo que se contaba en la familia.
-En el periódico se dice que organizó una fiesta y, como culminación, de postre, encerraron a ciento ochenta judíos en un establo y hubo reparto de armas. Todos estaban borrachos como cubas. Participaron los que quisieron. También Margit. La tildan la anfitriona del infierno. En algunos periódicos ingleses la llaman killer countess. Y el Bild tituló: LA CONDESA THYSSEN HIZO MATAR A TIROS A DOCIENTOS JUDIOS EN UNA FIESTA DE NAZIS.
-Eso no tiene sentido. Hubo un crimen. Ahora bien, juzgo improbable que Margit tuviera nada que ver con ello. Era un monstruo, pero incapaz de hacer una cosa semejante.
-¿Por qué dices que Margit era un monstruo?

…..

“Tía Margit no estuvo aquella noche a la intemperie, delante de la fosa en cuyo interior, formando una hilera, se arrodillaban las mujeres y los hombres desnudos. Ella se reía y bailaba mientras los cuerpos demacrados caían a la tierra. Rio y bailó con los asesinos cuando éstos, a las tres de la madrugada, volvieron al palacio.
Y mientras los ciento ochenta cadáveres se descomponían dentro de una fosa perdida en algún lugar de Rechnitz, tía Margit navegaba cada año en un crucero por el azul estival del Egeo, bebía Kir Royal en Montecarlo y, al llegar el otoño, cazaba renos en los bosques de Burgenland.
Tía Margit disfrutó el resto de su larga vida aun cuando conocía los pormenores de la matanza. Semilla podrida.”

…..

¿Qué diferencia había entre los padres de mi abuela y tía Margit? Lo fui pensando de regreso al hotel, mientras caminaba junto a panaderías y bares sombríos con hombres que, de pie delante de máquinas tragaperras, no se daban cuenta de que les caía en el pantalón la ceniza del cigarrillo. (…)
Ellos no eran monstruos sanguinarios; mis parientes no torturaron, ni dispararon, ni causaron grandes sufrimientos. Se limitaron a mirar y a no hacer nada. Habían dejado de pensar y de existir como personas, aunque sabían todo lo ocurrido. ¿Consistía en esto la célebre banalidad del mal formulada por Hannah Arendt? Me lo pregunté mientras andaba y andaba, me habría gustado no parar nunca de poner un pie delante de otro. «Todos lo sabían», iba yo hablando a solas en voz baja. Los transeúntes que me miraban pudieron creer que musitaba una canción. En lugar de eso, pensaba en un pasaje del libro Devorado por las llamas, de la periodista Lilly Kertész, húngara de la ciudad de Eger deportada a Auschwitz en 1944. En él describe a los vecinos  que miraban al patio y observaban cómo se llevaban a los judíos. «No vais a volver nunca», gritaban desde las viviendas, por cuyas ventanas salían música de baile y risotadas. Y la periodista se sorprendía: «Claro está que yo conocía a los moradores de la casa. Siempre había recibido de ellos un trato amistoso.”


(Sacha Batthyany, la matanza de Rechnitz. Historia de mi familia, páginas 15-16,79-80, 231-232)

martes, 26 de septiembre de 2017

DOS NUEVAS JOYAS LITERARIAS DE EDITORIAL MINÚSCULA

La barcelonesa Editorial Minúscula nació hace dieciocho años, en 1999, aunque su primera publicación apareció en el año 2000.Minúscula es uno de los sellos editoriales independientes que han enriquecido el escenario cultural frente a la voracidad de los megagrupos, a las tiranías del ultracapitalismo también en el negocio de los libros. Creada y dirigida por Valeria Bergalli, inició su catálogo centrándose en la literatura del siglo XX, especialmente en la narrativa de tradición germánica e italiana. Y con el firme propósito de editar determinados libros con pasión, entusiasmo y curiosidad intelectual.
   Los primeros autores editados por Minúscula fueron Marisa Madieri, Josph Roth, Klaus Mann e Irmgard Keun. Formaron parte de un catálogo que se irá ampliando, con el paso de los años, con libros de otros ambientes geográficos y temporales. Verde agua de Marisa Madieri, con posfacio de Claudio Magris, explicita el interés de esta editorial independiente por el imaginario urbano y el imaginario cultural de los espacios, la cuestión de la identidad, el papel de la frontera, el exilio o el peso de la infancia.
   Tiene el mérito Valeria Bergalli de dar a conocer la faceta como cronista de Joseph Roth, puesto que en España solamente era conocido como autor de novelas. Además en Minúscula hay voluntad de no diferenciar entre géneros, entre novela, ensayo y periodismo, lo cual casa perfectamente con el momento de la narrativa actual en la que la novela se está haciendo cada vez más autoficcional, más digresiva y ensayística.
   Son seis las colecciones de Minúscula: “Alexanderplatz”, “Paisajes narrados”, “Con vuelta de hoja”, “Tour de forcé”, “Microclimes” (libros en catalán” y “Micra”. Es mi interés resaltar el acierto de esta última, una colección en la que Minúscula edita textos breves pero muy singulares; y en la que han visto luz pequeñas joyas narrativas como Jugaban con sapientes de Francisco Solano, Casa ajena de Silvio D’Arzo, El libro de los bolsillos de Gonzalo Maeir u Obra muerta de José Luis de Juan. Las últimas incorporaciones al catálogo de “Micra” son Te me moriste del escritor portugués José Luís Peixoto y Quemaduras de Dolores Prato. Sobre ellos y con una propósito meramente informativo adelanto las respectivas presentaciones editoriales, con la intención de volver, en los próximos días o semanas, con mi valoración personal.

Francisco Martínez Bouzas



Te me moriste
José Luís Peixoto
Traducción de Antonio Sáez Delgado
Editorial Minúscula, Barcelona, 2017, 57 páginas.

El libro:

«Hoy he regresado a esta tierra ahora cruel. Nuestra tierra, padre. Y todo como si continuase. Ante mí, las calles barridas, el sol ennegrecido de luz limpiando las casas, blanqueando la cal; y el tiempo entristecido, el tiempo parado, el tiempo entristecido y mucho más triste que cuando tus ojos, claros de niebla y marejada lejana fresca, devoraban esta luz ahora cruel, cuando tus ojos hablaban alto y el mundo no quería ser más que existir. Y, sin embargo, todo como si continuase. El silencio fluvial, la vida cruel por ser vida. Como en el hospital. Decía nunca te olvidaré, y hoy lo recuerdo.» Un libro extraordinario de uno de los escritores actuales más sobresalientes.

El autor:

José Luís Peixoto (Galveias, Portugal, 1974) es uno de los escritores portugueses más destacados. Su obra, que incluye tanto narrativa como poesía, ha sido traducida a más de veinte idiomas. Distinguido con numerosos premios, como el Prémio Oceanos, el Premio Libro de Europa, el Prémio da Sociedade Portuguesa de Autores y el Prémio Literario José Saramago, sus libros han sido finalistas a distintos galardones internacionales como el Femina y el Impac Dublin. En castellano han aparecido, además de Te me moriste, Nadie nos mira, Una casa en la oscuridad, Cementerio de pianos, Libro, Dentro del secreto, Galveias y En tu vientre.



Quemaduras
Dolores Prato
Traducción de César Palma
Posfaccio de Elena Frontaloni
Editorial Minúscula, Barcelona, 2017, 71 páginas.

El libro:

«Con frecuencia se mencionaban ciertas “quemaduras” [...] que el “mundo” solía causar a quien intimaba más de la cuenta con él. [...] No sé por qué, pero cuando se hablaba de las quemaduras, las miradas y las voces solían dirigirse más a mí, como si una inteligente e iluminada previsión avisara que yo estaba más expuesta que las otras a esos percances.» Intenso y deslumbrante, Quemaduras condensa el riquísimo universo poético de Dolores Prato, una escritora cuyo material primigenio fue siempre autobiográfico. Este relato no exento de ironía sobre una adolescencia pasada entre los muros de un colegio de monjas nos conduce, gracias a la poderosa mirada de Prato, a tiempos pasados en los que personas y objetos adquieren una impresionante densidad mítica.

La autora:


Dolores Prato (Roma 1892-Anzio 1983) creció en Treia, en la región italiana de las Marcas. Aquí residió hasta 1912, instruida primero por sus tíos, a quienes su madre la había confiado, y luego por las monjas salesianas. En 1918 obtuvo en Roma el título de magisterio; opuesta al fascismo, hasta 1927 enseñó letras en la escuela pública y posteriormente dio clases particulares. Una vez acabada la Segunda Guerra Mundial, colabora con diferentes publicaciones, como Paese Sera, y publica dos libros,Sangiocondo (1963) y Quemaduras (1967), ambos autoeditados. En 1980, la editorial Einaudi publica una versión parcial (que ella consideraba amputada) de la novela Giù la piazza non c’è nessuno; la edición íntegra no apareció hasta 1997.

lunes, 25 de septiembre de 2017

DIÁLOGO ENTRE POESÍA Y PINTURA

Aprehenderse
Montserrat Villar González / Juan Sebastián González
Prólogos de Dante Medina y José María Larrondo
Amargord Ediciones, Colmenar Viejo (Madrid), 2017, 65 páginas.

   Según confiesa Montserrat Villar en las palabras previas de este libro, una de las obsesiones que últimamente le persiguen, es traducir a palabras, a sus propias palabras, la realidad y la interpretación que otros hacen de la realidad en otros lenguajes y en otros idiomas…traducir el alma del otro en mi propio idioma. Es así como nació este proyecto con el pintor Juan Sebastián González. Una colaboración, un diálogo personal entre poesía y pintura, partiendo del concepto que expresa el término aprehenderse. Captar lo que el otro está expresando mediante los colores o la palabra y darle forma con los instrumentos expresivos que en cada cual habitan.
   Once pinturas de Juan Sebastián González fueron absorbidas de forma tan personal como original por los ojos de la mente y del corazón de Montserrat Villar que tradujo la experiencia del goce estético en once poemas. Una reinterpretación del otro que es al mismo tiempo reinterpretación de uno mismo. Esa experiencia le da forma y contenido a la primera parte de este libro: “De la paleta a la palabra”. En la segunda parte, “De la palabra a la paleta”, el artista plástico aprehende  once poemas de Montserrat González y con ellos pinta once cuadros. Versos que el pintor siente y que son transformados en trazos y colores a través de los pinceles. Atrapar cada verso, cada estrofa, cada poema en pinturas. Para hacerlo, el pintor escogió al azar una palabra de cada verso, proyectando sobre ellos los colores de su paleta.
   Eso es este libro: una poetización de pinturas que el sello editorial reproduce, y una pintura de poemas. Es indudable que, al menos la primera parte, “De la paleta a la palabra”, se asienta sobre el concepto clásico de écfrasis, el ejercicio literario que consiste en interpretar un objeto de arte. Ya en las retóricas clásicas se reconocía con el nombre de écfrasis a la figura equiparable a la hipotiposis, una descripción vívida capaz de materializar visualmente la realidad representada. Será, sin embargo, a partir del siglo XVIII, cuando el término restringe su significado, sin perder esa marca de sugestión visual ante una pieza artística de naturaleza plástica, remitiendo para ello al tópico de Horacio considerado canónico: “ut pintura poisis”. Un trabajo de Leo Spitzer representa el momento definitivo en el que se acota el término  y se comienza a indagar en la mímesis  desde el texto ecfrático. Una representación de una representación, priorizándose además a la poesía como arquigénero ecfrático privilegiado.
   Los poemas de Montserrat Villar funcionan por consiguiente como constructos verbales, ontológicamente equivalentes a la obra plástica plasmada en las pinturas de Sebastián González. Pero añaden algo más: no solo analizan o traducen las pinturas sino que las aprehenden, las interiorizan, las sienten, para expresarlas acto seguido en la magia del poema. Dos magias -la pintura también lo es- que se retroalimentan entre sí.
   La poeta lo expresa ya en la contemplación de la primera pintura de Juan Sebastián González: “observamos la realidad que nos respira / Llegamos a distinguir colores que antes eran sorpresa” y surge “la emoción de la caricia (página 21). Y lo reitera en sentidos poemas que la atan a la vida, Poemas de tonalidad expresionista, como casi todos los suyos, que exploran la dimensión existencial (“Abrazarse a la nada / esperando que las sombras /arañen luz”, página 44; La vida / es esta corta pausa que nos deja soñar / con una libertad inalcanzable / que danza cada noche en el infierno, página 60) y que la paleta pictórica intenta plasmar con trazos y colores.
   Poemas ásperos y duros en algunos momentos que surgen “sin desaliños vacuos” (Dante Medina). Que nunca se descoyuntan, que aprehenden o son aprehendidos por la paleta pictórica. El fruto es un libro hermoso, valioso, que amalgama, en un diálogo desde el pensamiento y el sentimiento, el lenguaje pictórico y el lenguaje poético.

Francisco Martínez Bouzas



 Montserrat Villar González

Juan Sebastián González


Selección de poemas

Lo que en mi mente permanece

“Se disgregan las razones
de contar toda y cada una
de mis pulsiones para respirar.

Se olvida el tiempo
de aprehender cada uno
de los latidos que me sobreviven.

No renuncio a las palabras,
a las caricias, a los deseos.
No renuncio al silencio
escogido entre las sombras
y convertido en camisa de fuerza
que me protege de la desidia.

Gotea cada no-sonido
en la memoria que se comba
 y forma charcos,
cristalinas playas
en que nadie marcará sus huellas.”
(pagina 29)

…..

No consigues alejarte de mí

“Quise ser piedra para
soportar  la lluvia estoicamente,
el frio del invierno impasible,
el rozar de un escuálido animalito.

Quise ser piedra
y me convertí en roca
a orillas de un mar que se bate
contra sí mismo, cada día,
intentando alcanzar el mundo que lo observa.

Quise ser piedra
y el mar me convirtió en la arena
que siempre me he sentido,
aún húmeda, cubierta de algas y espuma,
pero mañana, brisa seca
que vuela sobre las cabezas que me ignoran.”
(página 33)

…..


A veces, asombro ante la naturaleza

“Hoy las horas pasarán más lentamente,
inverso de un solsticio de soleado alimento.

Hoy las horas anidan en el cabello grisáceo
de los árboles que su verde inmolan.

El silencio se precipita en una escueta tarde
con largos meses de abrigadas mantas.

Hoy las horas pasarán más lentamente
mientras la noche,
ahora sí,
exige su presencia.”
(página 37)

…..


Pictosilabario

“Volatizar el miedo
ensartar con rayos de luz
los huesos.

Aprehender la palabra,
despegarse las escamas,
alienar los círculos concéntricos.

Transformar el pálido aire,
mezclar invisibles pátinas,
enderezar los cabellos,
fustigar el denso aire
en la intemperie.

Asumir los espectros que
niegan la visibilidad del tiempo.
Abrazarse a la nada
esperando que las sombras
arañen luz.”
(página 44)   

…..

Sobre la tumba del poema

“Escribir con las uñas sobre ladrillos
hasta que sangre el poema.

Gritar con rabia encendida
hasta que el alma
se rompa en piezas.

Vendar las llagas con ansias
para que escueza todo el dolor que encierra.

Cortar los muñones inútiles
hasta sentir
que las cicatrices atrapan los miedos.

Sobre la tumba del poma
hacer brincar a las palabras
que alimentarán a los cadáveres
ausentes del cementerio.”

(página 50)

domingo, 24 de septiembre de 2017

EL NAZISMO EN GALICIA

La casa del nazi
Xabier Quiroga
Ediciones B, (sello de Penguin Radom House) Barcelona 2017, 632 páginas.

   
   La casa del nazi es el título de la traducción al español de la novela de Xabier Quiroga, Izan o da saca que vio la luz hace aproximadamente tres años en gallego. Era la sexta incursión en la narrativa de Xabier Quiroga. Fue en el año 2002 cuando Xabier Quiroga (Saviñao, Lugo, 1961) debutó en la ficción novelesca con otra obra en gallego, Atuado na braña. Desde entonces, otras cinco piezas ficcionales muestran el aliento narrativo de un autor enteramente ajeno a todos los montajes que se suelen inventar alrededor de las creaciones literarias. Su última obra, con un título extraño en la edición original gallega -no así en la española-, cuyo significado descubre el lector en el desenlace de la novela.
   El núcleo e impulso temático de la novela es la presencia de los nazis en Galicia, antes, durante y después de la Segunda Guerra Mundial: el desfile de la Legión Cóndor por las calles de Vigo, el control alemán de las minas de wolframio, las torres de comunicación instaladas en Cospeito (Lugo), los puertos de las costas gallegas que abastecían de combustible o ofrecían sus instalaciones para reparar los submarinos U-boot. Y de forma muy especial, el espionaje y la organización que el nazismo montó en Galicia y que servirán de centros de acogida para la huida (“Ruta de las Ratas” o “Ruta de los monasterios”) de muchos nazis importantes tras la derrota del Tercer Reich.
   La novela es una exploración en lo más oculto del nazismo en el territorio gallego. Una inmersión que el autor desarrolla con una amalgama de novela negra y novela histórica, y cuyo resultado será el descubrimiento de la inmensa miscelánea del nazismo en Galicia. El hilo conductor del relato es la enredada investigación que Pepe, alias Reina o Reiniña, un taxista que ejerce de detective yendo por libre, con la ayuda de la joven Lelia, una hábil lectora y colaboradora, realiza por encargo de un conocido y astuto político y empresario gallego que pretende eliminar las basuras de su pasado, ya que un desconocido universitario incluye su nombre en una investigación sobre los nazis. Da comienzo así una trepidante investigación que se desarropa  sobre todo en la comarca de la Ribeira Sacra, con especial relevancia del Monasterio de Samos y sus pasadizos y refugios clandestinos.
   La casa del nazi está construida con una arquitectura compleja, no tan fácilmente habitable por el lector como algunas de las novelas anteriores del escritor. En el relato confluyen diversos materiales, teselas que el autor quiere hacer encajar en su puzle o mosaico narrativo. Una aleación compositiva no demasiado fácil que se presta a que el lector muchas veces no la comprenda comprenda; si bien en el desenlace descubrirá el sentido de la misma. Secuencias, “En el oscuro” con tonalidad poética que se reiteran a lo largo del libro; relatos “Galicia, N.O de la península Ibérica” que, desde noviembre de 1935 hasta octubre de 1948, recuperan las situaciones de violencia, atropello y vejación que vivieron en esos años lo que fueron fieles a la República; la anotaciones de personajes singulares… todos ellos, elementos narrativos y piezas de este mosaico narrativo que muestran hechos históricos y que acompañan al hilo conductor principal: la investigación de Reina, una historia de violencia y de violaciones, y otra de amor y de fidelidad.
   
                                        
Xabier Quiroga

   Entronque pues de memoria, imaginación, magia como verbaliza Reina en una de sus múltiples reflexiones. Reflexiones muy abundantes que, en mi opinión constituyen la principal traba de la novela: sobreabundancia de secuencias digresivas que en más de una ocasión, por ejemplo: cómo hacen el amor las mujeres o las críticas al movimiento 15 M, sobran y no vienen al caso. La novela aporta así mismo referencias a la crisis actual (las preferentes, los desahucios, entre otras), así como no pocas chanzas  y bromas, mucho humor y retranca que contribuyen a configurar una lengua que se nutre en buena medida de la oralidad, y refleja una Galicia real, sobre todo la rural, apegada a las costumbres de siempre.


Francisco Martínez Bouzas

sábado, 23 de septiembre de 2017

EL FUTURO DE LA IMAGINACIÓN

MICRO ENSAYOS LITERARIOS

   Bajo el rótulo El futuro de la imaginación, la barcelonesa Editorial Anagrama puso a disposición de los lectores una de las obras menos conocidas del crítico literario más conocido de nuestros días, Harold Bloom (Nueva York, 1930), The Future of the Imagination. El autor de El canon occidental abre este pequeño libro con el discurso de aceptación del “Premi Internacional Catalunya 2002”; y recoge así mismo varios capítulos monográficos en los que, sin vocación canónica esta vez, nos brinda sus opiniones sobre un grupo considerable de escritores clásicos o contemporáneos, Desde William Shakespeare o Miguel de Cervantes hasta  Jorge Luis Borges o José Saramago. Ensayos, miradas e ideas ciertamente interesantes, pero en buena medida ya expuestas en sus obras anteriores más conocidas.
   Fijo pues este micro ensayo en los interrogantes que Harold Bloom formula, en la primera parte del libro, sobre la literatura del futuro, sobre la literatura que se verá en la obligación de reformular y regenerar los modelos narrativos del siglo XX, acomodarlos al actual siglo XXI y abrir nuevas rutas a  la novela en la era de internet.
   Desde la cota de los setenta y dos años, la edad que tenía cuando pronunció el discurso, Harol Bloom contempla la literatura del siglo XX, y con satisfacción reconoce que el firmamento ficcional no fue derruido ni en la época de T.S. Elliot, ni con la moda de los profetas posmodernos parisinos, ni en la era de lo que él llama “los días del resentimiento”. Pero al mismo tiempo, advierte que es preciso entender y reconocer que cambiaron las formas literarias y que algunas se disiparon en la brumas del tiempo. Como pasó siempre. Las novelas de Cervantes substituyeron a los libros de caballería, por poner un ejemplo. En la era de la tecnología, en el momento en el que miles de escritores publican en el informe y amorfo mar de internet, Bloom sugiere como remedio regresar a la idea del genio individual, en el que se encarna, como siempre a lo largo de la Historia, la imaginación creadora y las formas narrativas.
   
                                       
Harold Bloom

Porque internet pone a nuestra disposición todo el conocimiento pero no la sabiduría. ¿Dónde hallarla? En esos nuevos talentos del arte de contar historias que sin duda aparecen cada día entre nosotros, capaces de construir las narraciones elípticas del futuro. Un rechazo, un no contundente a la literatura enciclopédica al estilo de En busca del tiempo perdido o Finnegans Wake, sino en un tipo de literatura sapiencial elíptica semejante a la de Lewis Carrol. Todo esto exigirá que aprendamos a ser esos lectores elitistas que no se sienten satisfechos con la idea de que todo vale  que preside esas aguas amorfas, omnipresentes a través de la red.
   Un público lector avanzado, audaz y exigente y la emergencia de figuras literarias en las que cristalice la genialidad. He aquí pues los dos pilares en los Harold Bloom cimenta el futuro de la imaginación.


Francisco Martínez Bouzas